Si ya es
difícil ser jugador profesional de fútbol en el propio país, aún lo es más en
el extranjero. En primer lugar, el jugador debe destacar en su país,
fundamentalmente en las categorías inferiores de algún club.
Un jugador con el
suficiente talento natural para triunfar internacionalmente no suele tardar
mucho en llamar la atención de algún agente de futbolistas, que se encargará de
todas las gestiones a cambio de obtener un porcentaje de los beneficios en los
futuros contratos del jugador.
El trabajo del agente o intermediario es
conseguir una cartera de jugadores jóvenes, ofrecerlos a diferentes clubes y
ocuparse de los trámites y requisitos. Si un club extranjero se fija en un
jugador, le ofrecerá un contrato al agente y éste se lo hará llegar al jugador
para que confirme si está de acuerdo con el traspaso.
Para jugadores muy
jóvenes, los grandes clubes suelen tener ojeadores en diferentes países, y a
veces organizan pruebas de preselección.



